El
día
que Hunter y César se casaron los dos llevaban puesta una chaqueta blanca
y un pantalón
negro. Hunter tenía una camisa azul clara con corbata del mismo color y César una camisa rosa con un corbatín de cuadros. Los dos se veían sonrientes, tomados de la mano,
como celebran su compromiso con el amor acompañados por sus familias y sus amigos.
Lo sé porque vi una fotografía de ese día. De su vida personal no me atreví a preguntar
nada en la conversación con Hunter Thompson Carter, tal vez porque me faltó tiempo,
o tal vez porque no me sentí con derecho a hurgar en la privacidad de un hombre que ha
hecho tanto por proteger los derechos de las personas que buscan dejar de ser
juzgadas, precisamente, por sus elecciones íntimas y personales.
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Hunter T. Carter en Medellín en la Cumbre Internacional de la Noviolencia, Mayo por la Vida, 2015. |
Hunter
T. Carter es abogado comercial corporativo, es estadounidense y, además de ser socio de un prestigioso
bufete de abogados en su país, hace parte de una organización internacional que busca impulsar y
respaldar entidades sin ánimo de lucro que, a través de la vinculación de abogados voluntarios, lleva de
manera gratuita casos relacionados con temas como los derechos de las mujeres,
la protección
del medio ambiente o, como en su caso particular, los derechos de la comunidad
LGTBI. Hablar de su trabajo es, inevitablemente, hablar de su vida personal. Él es un hombre casado con un hombre.
Por
estos días
Carter está en Medellín para participar en dos eventos de la iniciativa ciudadana
Mayo por la Vida: el conversatorio Derechos para Todos y la Cumbre
Internacional de la Noviolencia. Su relación con la ciudad es estrecha. César, su esposo, el menor entre diez
hermanos hombres, nació en Medellín y es allí donde vive toda su familia. Carter, entonces, se define
como un “familiar, vecino, inversionista y participante de la cultura paisa y colombiana”. Él, que también se preocupa por comprender asuntos
locales como la desigualdad social y las conversaciones de paz en La Habana,
dice que, a pesar de todo lo que falta, Colombia ha logrado en muy poco tiempo
avanzar en la garantía de derechos para la población homosexual.
“¿Cómo es posible que el Estado tenga el poder de anular una
elección
perfectamente legítima basada en el amor?”, es una de las pregunta con que
argumenta su defensa del matrimonio igualitario. Así lo hizo
en marzo de 2013 en el Senado de la República de Colombia, cuando se discutió el
proyecto de ley que buscaba reconocer el matrimonio civil a las parejas del
mismo sexo y que luego fue derrotado con 51 votos en contra y 17 a favor, con
la inasistencia de 24 senadores. “A través del movimiento para el matrimonio igualitario hemos visto
en la comunidad LGTBI uno de los cambios sociales más grandes del mundo. Hemos logrado en
poco tiempo el rechazo a un tabú bien duradero, a través de los medios noviolentos:
conversación,
debate, amor, racionalismo, participación en tribunales, aplicación de normas según el estado de derecho”, dice Hunter T. Carter.
— ¿Por qué tenemos tanto miedo como sociedad para aceptar lo que nos
parece diferente?
“La pregunta es más difícil: ¿por qué tenemos tanto miedo? Punto. Hay miedo por muchas razones.
No soy sicólogo,
tampoco puedo imaginar una respuesta informada respecto a eso, pero mi
perspectiva personal es que sí hay mucho miedo y la única, única, única solución al miedo es el amor. Creo que
nuestro lindísimo
potencial como comunidad homosexual de participar en la sociedad es que lo que
nos define es el amor, la forma como amamos. Es que amamos a pesar de los retos
más
difíciles,
las barreras más grandes y duraderas. Como comunidad gay, hemos dicho que
sí se puede. Se puede enfrentar con confianza, dignidad y
autoestima a un juez escéptico, a un senador escéptico, a una mamá, a un vecino. Y con muchísimas conversaciones de manera
descentralizada, con cada uno trabajando en su propio campo, hemos podido
llegar a donde estamos, hemos visto un cambio social tan grande insistiendo en
nuestra autoestima y autodignidad, a través del diálogo y siempre con la confianza de
que nuestro amor merece el título amor”.
— En Colombia el panorama aún es
difícil para la comunidad homosexual. Hace poco una encuesta
indicó que el 60% de la población
rechaza el matrimonio igualitario. ¿Cuál es su
percepción personal sobre el tema en este país?
“Este es un país paradójico, tal vez irónico. Hay mucho rechazo, es absolutamente seguro, hay gente
que muere, gente que sufre bullying. Quiero enfatizar y mencionar el
nombre de Sergio Urrego, que es un caso emblemático, no único pero sí emblemático. A él, por amar a otro chico, su primer
amor, que es la cosa más bella en el mundo, lo castigaron y persiguieron, incluso
su propios profes, hasta que le faltó la esperanza para continuar viviendo. Un chico. Imposible
eso. Pero digo que es un país irónico porque a pesar de estos problemas también veo mucho para ser optimista. El
rechazo está bajando tan rápido que hace dos años era casi imposible conseguir el
apoyo de un grupo de abogados para entregar un informe a la Corte
Constitucional. Ahora estoy participando con los esfuerzos coordinados por
Colombia Diversa y su director ejecutivo, mi amigo Mauricio Albarracín, que trabaja con tanta confianza y
dedicación,
que ahora están vinculados casi todos los estudios grandes de abogados
del país.
Estamos en una etapa de conseguir firmas de apoyo de empleadores que tienen
compromiso con el pacto global que exige el principio básico de la no discriminación, para entregar un informe a la
Corte Constitucional por su debate actual. Así veo que
éste
es un país
que está cambiando rápidamente”.
— ¿Qué le hace falta en Colombia a la Comunidad LGTBI para ser más
fuerte?
“Es duro criticar a la comunidad gay en Colombia porque los
admiro mucho. Están trabajando en un entorno difícil, en un país con problemas tan grandes como la
violencia. Es también un país que por muchos años creo que ha tenido un cierto don´t ask,
don´t tell (no
preguntar, no decir) y tengo la experiencia de conocer a personas de alto rango
social que, quienes los conocen, saben pero no preguntan sobre su orientación sexual. Los aceptan pero bajo
limitaciones. Digo que admiro a la comunidad gay, no solamente a sus líderes, sino también a estas personas porque, sin salir
del armario, han logrado un cierto nivel de convivencia. A mi juicio,
objetivamente o en términos por perfeccionar, sería mejor que pudieran salir del
armario, vivir como quieren hacerlo.
Para
mejorar sólo
digo que hay muchos ejemplos interesantes recientes como el de Irlanda —el 22 de mayo se convirtió en el
primer país
del mundo en aprobar el matrimonio gay por votación popular—. En este país, el más católico de Europa, todos los partidos
políticos,
de cualquier tamaño, están a favor y las encuestas dicen que dos terceras partes del
país
están
a favor. Los activistas lo han logrado convenciendo a estrellas, actores,
deportistas y otras personas que son líderes de opinión, pero mucho más a través de las conversaciones personales,
las conversaciones pequeñas en las casas. Los colombianos tienen muchísimos ejemplos como Alabama,
California, Sudáfrica, Argentina o el D.F., y por eso estoy acompañándolos y
facilitando información y conversaciones entre la sociedad. Es importante conocer
el marco jurídico
si uno es un activista colombiano, porque del lado de los que se oponen al
matrimonio igualitario no hay ninguna prueba pericial que tenga peso”.
— ¿Qué falta en la comunidad heterosexual para avanzar en la
comprensión de los derechos de la población homosexual?
“La respuesta es muy corta: ayudar, ser aliados. Si tú amas a
tu hermano, díselo. Si adivinas que está encerrado
en su armario, dile que lo amas incondicionalmente. Si tú eres
una profesora, por ejemplo, y ves a un
chico sufriendo, aunque no sepas o sólo adivinas la razón por la cual está sufriendo,
dile con confianza, con amor, con una sonrisa, que todo mejora. Que, aunque no
sienta eso ahora, hay miles de ejemplos que le pueden ayudar. Que tal vez podrá ser una
estrella, un presidente, un senador, una profe, un sicólogo, un músico, un futbolista, entonces, aunque
no le parezca ahora, todo va a mejorar.
Las
personas fuera de la comunidad LGTBI, que son aliados o familiares, pueden
participar diciendo ‘yo apoyo’. Si tú eres una mamá y temes que tienes que enfrentar este tema con tu hijo o
hija, busca la información, es fácil. Porque la comunidad gay es muy pequeña. Ellos no pueden lograr sus
objetivos sin aliados dedicados”.
— ¿De dónde
sale la motivación de un abogado exitoso, que podría dedicarse
sólo a negocios privados, para trabajar en una causa pública,
difícil, llena de oponentes poderosos?
“¡Cómo no hacerlo! Amo y soy amado. Es una condición deliciosa el amor. He visto que al
final del túnel
hay una luz y si hay personas a mi lado que todavía no la ven, cómo no decirles que hay luz. Para mi
es natural. Debo agregar que he tenido muchos ejemplos morales en mi vida y una
de las cosas que más me gusta de mi país, a pesar de sus muchos problemas,
es que siempre estamos tratando de mejorar. El proyecto americano ha tenido, y
espero que siga teniendo, como su objetivo, la plena realización de la libertad en la felicidad de
las personas. Eso me ha impactado toda mi vida. Mi papá era muy
patriótico,
digamos, muy conservador, y murió hace un año pronunciando el nombre de mi esposo, despidiéndose de él, conociendo a mi esposo, conociéndolo. En eso veo nada menos que la
felicidad total. Esa sensación debe uno compartirla. No hay alternativa”.
No
podría
haber una respuesta más íntima y contundente. Nada más qué preguntar
en esta conversación con Hunter Thompson Carter, quien estará este
lunes 25 de mayo en el conversatorio Derechos para Todos de Mayo por la Vida,
en la Cinemateca de la Biblioteca EPM en Medellín a las 4:30 p.m.
*Escrito en mayo de 2015 para el proyecto Mayo por la Vida de la Alcaldía de Medellín.
Fotografía: Sergio González